José María PINTO

 

SAN SEBASTIÁN

 

Donosti a plena luz

José María Pinto expone en la galería Echeberría cuadros que reflejan escenas cotidianas de la ciudad

 

M. L.

SAN SEBASTIÁN.

 

Una pareja que pasea junto a la barandilla de La Concha. Familias que dirigen sus pasos hacia la playa de La Zurriola y otras que salen de ella. Varias mujeres tomando el sol sobre la arena. Una chica que se pone sus sandalias al lado de su bicicleta y otra que camina con aire despreocupado por la calle Loiola. Escenas como éstas, tan habituales que sorprende verlas convertidas en obras de arte, se reflejan en los cuadros que José María Pinto (Barakaldo, 1959) expone durante estos días en la galería de arte Echeberría.

 

Bajo el título Luminoso pálpito urbano, la muestra reúne una veintena de sus más recientes creaciones, las que tratan, tal y como él mismo indica, de «hurgar en la estética cotidiana de las ciudades». En ese empeño, San Sebastián se convierte en la principal protagonista, con los alrededores del mercado de San Martín, la calle Hernani o las cercanías del Kursaal como escenario de los retazos de una realidad bañada por los más potentes rayos solares.

 

«Siempre trabajo con esa luz fuerte, la de las horas centrales del día, que produce unas sombras bajas y muy cortas para que le dé mayor potencia a la imagen», señala el artista. Por ese motivo, sus obras han sido concebidas durante la estación estival, aunque también alguna vez las ha llegado a realizar en invierno, pero, eso sí, con «el sol a tope».

 

Las suyas son instantáneas ideadas a pinceladas o, como a José María Pinto le gusta decir, «una pintura basada en la fotografía». Así define la curiosa técnica resultado de un proceso cuyo punto de partida son las imágenes que capta con el objetivo de la cámara de fotos en su paseo por la ciudad. «Me convierto casi en un turista, intentando pasar desapercibido», comenta.

 

Esas fotografías, «que permiten captar instantes efímeros» imposibles de inmortalizar con igual rapidez recurriendo al lienzo y al caballete, sirven de modelo a las dos siguientes fases. «En la primera utilizo acrílico para ir montando la imagen sobre una base de colores predominantes. Se trataría de construir los paneles básicos. Las fachadas de los edificios, los toldos...», explica el pintor, quien añade que en la segunda fase, recurre al óleo con el fin de «plasmar los detalles, como luces, sombras, el cielo, las personas. para así ir construyendo la sensación de realidad».